las escenas del comercial

Precaución, querido Consultor

El ruido de las teclas resuena en el salón, con una soberbia, que nunca pudo sospechar aquella pluma, que arañaba con sigilo el papel. César “toca el portátil” como un músico interpreta su obra al piano.

Con su indumentaria casual lleva escrita en la frente la palabra “Consultor”, se cree un tipo importante mientras completa los informes que su jefe, que está de fin de semana en Londres con su ayudante, presentará el lunes a la junta.

César ha hipotecado su vida con la promesa de ser socio, de las luces, del éxito y el dinero. No ha tenido en cuenta, que con la subida de los tipos de interés, va a tener que pagar con su alma,  como quien hace un pacto con el demonio.

Su novia le ha echado de casa, después de una semana llegando de la oficina a la tres de la mañana, no sabe que su espacio ya lo cubre otro, el que llena sus constantes ausencias.

Mientras su vida se cae a pedazos, él sigue sentado tecleando. Ese aparato del demonio, que junto a su móvil le fue entregado al incorporarse en la compañía, poco a poco va consumiendo su espíritu.

César bloquea el equipo y cierra la pantalla para ir al baño, la manzana del pecado queda presidiendo la mesa. Ya lo dice el cuento, quien la muerde dormirá para siempre. ¿Cómo romper el conjuro si ni siquiera sabemos si estamos despiertos o no?

Miriam E. Monroy

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1 month ago