espacio en blanco
Clint Eastwood
Me costó menos empeño y tesón conquistar a mi suegra que a mi amor. Conocí a ambas hace 14 años.
Mi suegra Esperanza, era hija de la abuelita. Una mujer oriunda de Santa Cruz de Mudela, un pueblo de la provincia de Ciudad Real.
Mi mujer siempre me cuenta que su abuelito se quedó prendado de su abuelita al verle los tobillos.
La abuelita y el abuelito emigraron a Badalona a finales de los años veinte. Tuvieron tres virtudes, Caridad la mayor nacida en la mancha y las gemelas Fe y Esperanza, nacidas ya en tierras Catalanas.
Caridad murió con 80 años. Fe murió poco después. Esperanza sigue entre nosotros porque es lo último que se pierde.
Mi suegra nació en 1928. Actualmente cuenta con 94 años, en diciembre cumplirá 95. Tiene un año y medio más que Clint Eastwood.
Así es como la apodamos cariñosamente en casa. Por la similitud de edad y porque las mata hablando en vez de callando.
Con los años Esperanza ha perdido la capacidad de filtrar antes de hablar, por eso desenfunda su lengua, dispara y mata sin mirar atrás.
A su edad, el insomnio y la crítica son sus compañeras de vida.
La última en llegar ha sido la sordera ocasional. Llega a medio día para ver su telenovela favorita y vuelve por la tarde para el concurso de Pasapalabra. Su sordera no es amiga de los chismorreos, se ausenta cuando los murmullos se desatan en casa.
La cocina nos gusta a las dos, compartimos recetas e intercambiamos los guisos que cocinamos.
Antes la acompañaba a comprar por el barrio. Sus andares decididos y rápidos me producían flato cuando íbamos cogidas del brazo.
Hace un par de años que ya no sale a caminar, porque no se siente segura al andar. Le compramos un caminador, pero dice que esos artilugios le hacen parecer vieja y no está dispuesta a que la vean.
Otro de los hobbies que tenemos en común son las plantas. Esperanza tiene una gran terraza repleta de matas.
Hasta hace un par de años se entretenía con ellas, yo le prestaba mucha atención cuando despojaba las malas hierbas y las regaba con tesón.
Además de las plantas, también convivía con Paquita. Una tortuga de tierra ciega, sorda y muda.
Cuando las piernas y por ende la agilidad de mi suegra empezaron a fallar, decidió que limitaría sus subidas a la terraza para evitar una calamidad. Todas las plantas eran grasas, por lo que no necesitaban de su atención diaria. Por contra, la que sí se vio afectada fue Paquita. Por lo que decidimos que lo mejor para ella, era que hiciera las maletas y se mudara de casa.
A Paquita la mandamos a vivir a casa de una amiga que tenía una terraza igual de grande que la de mi suegra.
En su nueva residencia conoció a Pilota, una gran tortuga macho de su misma especie.
Disfrutaban cuando copulaban. A raíz de ahí descubrimos que no era muda, solo sorda y ciega.
Su casera nos tenía al día con la adaptación y evolución de Paquita. Nos enviaba videos de forma asidua. Esperanza los veía, sonreía y decía:
– Mira que bien se lo está pasando Paquita.
Paquita vivió sus últimos años contenta y satisfecha hasta que murió de vieja.
Como la falta de agilidad de mi suegra, hizo dejar de lado a las plantas y a Paquita. Encontró una nueva afición. Ahora mi suegra pinta todos los días. Sus hijas le compran álbumes con dibujos para colorear. Lleva dos años coloreando animales.
Está orgullosa, porque en la pescadería tienen colgado uno de los peces que ha pintado.
Cuando voy a su casa saca todas sus obras y me comenta lo bien que lo hace y lo cansada que está de pintar tanto animal. Ahora se le han antojado los paisajes, en especial los de las grandes ciudades.
Otra de las cosas que nos gusta hacer en común, acontece una vez al año: el Domingo de Ramos.
Gracias a la confianza generada, mi suegra me confió el secreto de sus deliciosos guisos.
Me dijo:
– Es por el laurel. Pero no sirve cualquiera, tiene que estar bendecido. Yo no soy creyente como ella, pero ante tal decreto yo creo que es cierto. Así que el Domingo de Ramos recojo a mi suegra, que vestida como un pincel me acompaña a la iglesia. Siempre nos ponemos cerca del cura, para que el agua bendita impregne bien nuestras hojas de victoria.
Como hace un par de años que no quiere salir porque se fatiga, soy yo quien va a misa.
Aparte del laurel, en verano también le lleno la nevera de helados y de vermut de la bodega de al lado.
Con los primeros bufidos del estío siempre se queja del insoportable calor. Le compramos un pingüino pero no lo quiere encender. Dice que cuando llega la factura a casa la deja helada y que prefiere morirse de calor.
Aunque al despedirse de mí, siempre me dice que no se quiere ir. – “El mañana no está asegurado para nadie” *. Pero vas por buen camino Esperanza.
* Frase de la película estadounidense Poder Absoluto de 1997, dirigida por Clint Eastwood.
Candela Decadente
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12 Octubre 2023
